Érase una vez dos hermanas gemelas llamadas Hilda y Gerda. Siempre habían vivido en la ciudad, pero cuando llegaron los primeros rumores de la enfermedad, sus padres las enviaron al campo. Gerda tenía asma y se decía que eso podía empeorar la enfermedad. Cuando las noticias llegaron, resultó que los niños eran inmunes a la enfermedad, pero ya era demasiado tarde para que las hermanas volvieran con sus padres. Para nosotros, eso fue una suerte, porque es en el campo donde empieza esta historia.
Hilda y Gerda nunca antes habían vivido en el campo y la casa de Tía Frigg les había parecido grande y vacía. Tía Frigg era una profesora que vivía sola, y pronto las hermanas se acostumbraron a su nueva casa. Al principio no habían sabido cómo tratar a Tía Frigg, a la que no habían visto nunca antes y que parecía no saber nada de ellas.
—¿Cómo os llamabais? —había preguntado el primer día—. No me acuerdo mucho de vosotras, aunque fui a visitar a vuestra madre al hospital cuando nacisteis.
A Hilda aún se le aceleraba el corazón al recordar ese día, pero desde entonces, Tía Frigg había sido buena con ellas. Se pasaba el día en su despacho, pero siempre se aseguraba de que las dos hermanas estuvieran bien cuidadas y les daba clases que les hacían doler la cabeza pero que sus padres insistían en que eran ideales. Tía Frigg se iba también una mañana entera cada semana, a comprar al pueblo más cercano. Precisamente es en una de estas mañanas que nos encontramos al inicio de esta aventura.
Tía Frigg se había ido a comprar y Hilda y Gerda estaban terminando de desayunar. La mañana de la compra era emocionante, porque era la única mañana que podían hacer ruido sin estorbar el trabajo de su tía. Solían jugar a superhéroes o a las brujas, corriendo y gritando por toda la casa, pero esta vez no se estaban decidiendo. Estaban un poco cansadas de estar en la casa, pero no podían salir solas.
—¡Ya sé! Jugaremos a los investigadores —sugirió Hilda—. Un detective y una policía tienen que resolver el misterioso caso de… No sé, de algo.
—No sé… Yo… No quiero ser…
—¿Quieres ser la mujer policía? Yo puedo ser el señor investigador, me puedo pintar un bigote si quieres.
—Oh, bueno, ¡vale! Podemos resolver el misterioso caso de… ¡los deberes desaparecidos!
Y, con estas palabras, ambas hermanas estaban corriendo por la casa, buscando detrás de muebles, gritando y riendo. No habría sido de extrañar que rompieran algún jarrón o alguna figura, pero Tía Frigg no era de las que tenía decoraciones caras en casa, así que, por suerte, nada terminó roto. Lo que sí sucedió fue que las hermanas encontraron, dentro de un armario vacío y lleno de telarañas, un libro viejo y polvoriento. Parecía mucho más antiguo que la casa, con su cubierta de cuero y sus páginas gruesas. Hilda tocó el engarzado metálico que mantenía las tapas cerradas y el libro se abrió, dejando una cubierta en las manos de cada hermana. Fascinadas, observaban los detalles de la página ilustrada en la que se había abierto el libro, cuando dejaron de sentir el suelo bajo sus pies y empezaron a caer.
El suelo del bosque era suave y Hilda no recordaba el momento en que había dejado de caer. Estaba en un bosque, eso estaba claro, pero no se parecía a los bosques que se veían en las montañas desde casa de Tía Frigg. Los árboles no eran los mismos. ¿Y dónde estaba Gerda?
—¡Hilda! ¡Hilda! ¿Estáis ahí?
—¡Gerda! ¡Estoy aquí!
—¡Hilda!
—¡Ya te veo! ¡Hermana!
—Oh, Hilda, ¿qué nos habrá pasado? Quiero volver a casa…
Así estaban hablando las hermanas, lamentándose de su destino y gritando, cuando una mujer mayor, encorvada por los años y la bolsa que le colgaba a la espalda, llegó hasta ellas. Sin verla, ambas hermanas estaban abrazándose y animándose. La anciana se apoyó en un árbol, mirándolas, hasta que se sintió con suficiente fuerza como para hablarles a las jóvenes.
—¿Os habéis perdido, muchachas? No es buena idea ir gritando por el bosque.
Ambas hermanas saltaron, sorprendidas. Hilda, en posición de defensa, se interpuso entre la anciana y su hermana, que observaba a la mujer con curiosidad.
—Tranquilas, que no os haré daño. Sólo estoy interesada en encontrar algunas hierbas. Si queréis, podéis ayudar a una pobre anciana y, a cambio compartiré con vosotras mi cena y mi cabaña, esta noche. ¿Qué decís?
Con pocas otras opciones, las hermanas accedieron. Mientras Hilda sujetaba la pesada bolsa de la anciana, ésta le daba instrucciones a Gerda sobre cómo cortar las plantas. Así, al cabo de poco rato llegaron a la linde del bosque, donde les esperaba una pequeña cabaña. La anciana entró primero y pronto estaban las tres sentadas cerca del fuego, observando el puchero hirviendo.
—Dejadme adivinar. No sois de por aquí. Vuestro mundo es muy diferente, y queréis volver. —La sorpresa de las gemelas fue suficiente para la anciana, pero aún y así les dejó hablar.
—¿Cómo lo sabe? —susurró Gerda.
—Antes sucedía más, pero cada vez es más raro. Pero lo puedo ver en vuestras extrañas ropas. ¿Supongo que querréis volver a casa?
—¡Muchísimo! —respondió rápidamente Hilda, que estaba muy cansada de llevar la bolsa todo el día.
—¿Y tú, aprendiza?
—Yo… ¿Aprendiza?
—Estoy dispuesta a enseñarte todo lo que sé. He visto hoy que tienes madera, tu forma de seguir mis consejos… Tienes madera de bruja, hija.
—Yo… No creo que pueda… No soy…
—Lo veo en tus ojos, aprendiza. Tienes todo lo que hay que tener, incluyendo ser una chica.
—Señora, apreciamos mucho lo que ha hecho por nosotras, y especialmente que trate bien a mi hermana. Pero tiene nombre, se llama Gerda. Y no es su aprendiza.
—Hilda tiene razón. No puedo abandonarla. ¡Hemos estado siempre juntas!
—En ese caso, ayudadme con mi última tarea del día y mañana os llevaré a ver a alguien que os podrá ayudar. ¡Pero tengo que tener la poción, o no nos dejarán pasar!
Cuando esa noche se fueron a dormir, delante del fuego, a ninguna de las dos hermanas le pareció duro el suelo: estaban demasiado cansadas. Pasaron el día siguiente andando, aunque la bruja se negaba a decirles dónde iban. No se encontraron a nadie más en todo el día y no fue hasta bien entrada la tarde que la anciana les dijo que estaban llegando. En silencio, como llevaban todo el día, siguieron a la bruja hasta una cascada. Hilda miraba a su hermana, que estaba observando maravillada el entorno, y se preocupó por su decisión, no por primera vez en ese día. Estas brujas no le inspiraban nada de confianza, pero a la vez, la anciana había tratado tan bien a su hermana. Eso no era normal. De hecho, la única otra persona que había tratado tan bien a Greda era, precisamente, Tía Frigg. ¡Oh, Tía Frigg estaría tan preocupada! ¡Habían desaparecido casi dos días enteros!
—Hilda, no te preocupes. Verás que pronto volveremos —susurró Gerda, sobresaltándola—. Mira, la anciana está hablando con esa otra bruja. No puedo oírlas, pero seguro que pronto vamos a volver a casa. Y yo voy a volver contigo. —Y, con esas últimas palabras, Gerda le estrujó la mano a su hermana, haciéndole sonreír.
Era verdad, ahora que Hilda se fijaba, que la anciana estaba hablando con alguien. Parecía una mujer menos mayor que la bruja, aunque había algo acerca de ella que le ponía los pelos de punta. Gerda estaba convencida que esta era otra bruja, una más poderosa. Desde donde estaban, no podían oír nada, pero sí que vieron a la anciana sacar todas las botellitas de cristal que había guardado cuidadosamente en su bolsa esa mañana, incluyendo las que contenían la poción de la noche anterior. Una vez las hubo puesto delante de su interlocutora, las botellitas brillaron y desaparecieron. Las hermanas se miraron, sorprendidas, y fue entonces cuando la anciana las llamó.
—Gerda, ¿estás segura de que quieres irte?
—Sí, anciana. Hemos estado ausentes mucho tiempo. No quiero separarme de mi hermana, y nuestra familia estará preocupada, especialmente Tía Frigg.
—En caso de ser ese tu deseo… Escúchame bien. Las aguas de la cascada se abrirán y tenéis que atravesarlas rápidamente. El portal no durará mucho. Cogeos de la mano, como vinisteis, y esta vez no os soltéis en el camino. Con suerte, todo estará bien. Y ahora, ¡partid! Se acerca la hora.
Nerviosas, Hilda y Gerda se colocaron delante de la cascada, con el agua hasta los tobillos. Lanzando una última mirada a la anciana, que las estaba despidiendo, y a la otra bruja, que estaba moviendo las manos bajo el rojo atardecer, se prepararon para volver. Apretando la mano de su hermana, Hilda observó cómo se abrían las aguas de la cascada. Juntas, de la mano, las gemelas cruzaron el arco y, notando las salpicaduras del agua en la cara, empezaron a caer otra vez.
Gerda estaba levantándose del suelo, aún aferrada a Hilda, cuando se dio cuenta de que el libro no estaba. Estaban en la habitación vacía, con el mueble abierto, pero el libro no estaba. Soltando despacio la mano de su hermana, que también se había levantado, estaba preguntándose si comentarlo o no cuando oyeron la puerta de la entrada abrirse.
—¡Hilda! ¡Gerda! ¡Ya estoy en casa! ¿Podéis venir a ayudarme a entrar la compra? He traído muchas cosas que pesan: harina, pan, pasta, arroz, las maletas de vuestros padres…
Con una sonrisa y volviendo a cogerse de la mano, Hilda y Gerda bajaron corriendo a ver a su querida Tía Frigg y a sus padres, que por fin podían venir a verlas. Salieron felices, y nunca volvieron a preocuparse por el armario ni por el libro, aunque ambos seguían exactamente como ellas los habían encontrado horas atrás.
FIN
- Este relato forma parte del Reto de Escritura #Origireto2020, organizado por Stiby, de Sólo un capítulo más, y Katty, de La Pluma Azul de KATTY.
- Este relato, de 1644 palabras, corresponde al objetivo principal 9. Cuenta un relato en el que la magia tenga un papel importante.
- También cuenta con la referencia a un Cuento o Leyenda (objetivo secundario 1): A. Hansel y Gretel.
- También sale una Criatura del Camino (objetivo secundario 2): II. Brujas
/hechiceros. - Para esta historia se incluyen los objetos 17, una poción, y 23, magia.
- Objetivos anuales:
- Este relato tiene a una protagonista femenina, dando 5/3 para Rosa Insolente.
- También pasa el test de Bechdel, siendo 4/2 para Sororidad.
- Tiene representación LGB[T]+ o de minorías, siendo 4/3 para Tríada.
- Es un relato de fantasía, cumpliendo 4/2 para Doble Dragón (3/1 relato de fantasía y 1/1 de cifi).
- Dentro de la fantasía, se ubicaría en la fantasía doméstica, cumpliendo 3/6 para mi objetivo personal: Escribir 6 relatos de diferentes subgéneros dentro de la fantasía.
- Podéis encontrar el resto de mis entradas para el #Origireto2020 aquí.











