domingo, 3 de mayo de 2020

Reseña: Una habitación propia, de Virginia Woolf



Ficha técnica:

Título: Una habitación propia
Título Original: A Room of One's Own
Autora: Virginia Woolf
Año de publicación: 1929
Páginas: 112
Género: No-ficción, académico.
Sinopsis: En 1928 a Virginia Woolf le propusieron dar una serie de charlas sobre el tema de la mujer y la novela. Lejos de cualquier dogmatismo o presunción, planteó la cuestión desde un punto de vista realista, valiente y muy particular. Una pregunta: ¿qué necesitan las mujeres para escribir buenas novelas? Una sola respuesta: independencia económica y personal, es decir, Una habitación propia. Sólo hacía nueve años que se le había concedido el voto a la mujer y aún quedaba mucho camino por recorrer.
Partiendo de un tratamiento directo y empleando un lenguaje afilado, irónico e incisivo, Virginia Woolf narra una parábola cautivadora para ilustrar sus opiniones. Un relato de lectura apasionante, la contribución de una exquisita narradora al siempre polémico asunto del feminismo desde una perspectiva inevitablemente literaria. 

Reseña:

Virginia Woolf fue una escritora, editora, ensayista y activista feminista que nació en 1882 en Londres, Reino Unido. Publicó su primera novela en 1915, Fin de viaje (The Voyage Out), y en 1928 fue invitada a dar clases en Mujer y Ficción en Cambridge (concretamente, las dos escuelas para mujeres: Newnham y Girton), que luego en 1929 compilaría y editaría en esta obra, el ensayo Una habitación propia (A Room of One's Own).

El estilo de esta obra es, por tanto, algo confuso para quién no sepa qué va a encontrarse, puesto que es un estilo académico, con referencias a los sospechosos habituales en las clases académicas de lengua y literatura en la Inglaterra de principios del siglo XX, pero a la vez combina elementos de una voz casual, propia del lenguaje hablado. Si bien no es para todos los públicos, para mí resultó ser una delicia, especialmente gracias a que tengo una edición maravillosamente anotada en la que todas las referencias se detallan y se revelan para facilitar la comprensión lectora.

Es difícil hablar de una obra que tanta gente conoce y que se considera parte del canon de la literatura de no-ficción feminista. si bien la obra se escribió hace casi un siglo, sigue siendo una obra relevante, con contenidos que aún hoy en día podrían aplicarse y reivindicaciones que aún mantenemos. Además de tratar de perfilar los requisitos materiales, emocionales y sociales de las mujeres para poder crear ficción, Woolf también trata temas relacionados como el acceso a la educación superior, la situación de las relaciones entre mujeres (indicando su bisexualidad en el proceso) e intentando, como deja claro, abrir un debate y no sentar cátedra, es decir: ampliar el conocimiento. En el fondo, es gracias a ella, y a más como ella, que ahora existen los estudios de género. Y, sólo por eso, recomiendo que se la lea.

Entonces, ¿os he convencido? ¿O ya la habíais leído?

miércoles, 29 de abril de 2020

Bendición maldita (Relato para el #OrigiReto2020)

Bendición maldita

No es cada día que se puede ver un triacóntero en el Mar Mediterráneo. Obviamente, en la época del esplendor de Atenas, sí. No por algo era una de sus embarcaciones más conocidas, especialmente por el uso de remeros-guerreros y su sangrienta historia. Pero eso es para otro día. Hoy en día, no es normal ver un triacóntero. Especialmente uno en el que no se ven remeros. Para eso, necesitas varias bendiciones. Y por suerte, yo he sido múltiplemente bendecida. Tanto en sentido literal como figurado. Aunque no me molestaría llevar algo más abrigado que una túnica de sacerdotisa, especialmente en este clima horrible. ¿Cómo lo hacían los antiguos?

—Oye, Ari, deja de mirar las musarañas. Estamos acercándonos al sitio, tienes que prestar atención y localizar la isla.

La voz, tan indignante como puede ser, proviene de mi compañera de viaje. Xenia. Mi bendición figurada y probablemente mi maldición literal. Aún no estoy segura de la última. Gracias a ella estamos navegando, pero esta misión es mía y es mi deber llevarla a cabo.

—Perdón, perdón. Igualmente, no veo nada —susurro, más para mí misma que para ella, acercándome a su posición de capitana—. Honestamente, tú tienes tantas capacidades para ver la isla como yo.
—Una isla desaparecida durante mucho tiempo que sólo puede verse con la bendición de Atenea, claro. Y yo tengo esa bendición.
—Quiero decir, la tienes.
—No.

Me mira un poco de soslayo, la mayor parte de su atención aún centrada en el mar, en el barco y en todo lo que necesita hacer para que estemos surcando las olas, pero aún y así sus ojos son como imanes. Creo ver, durante un momento, un arcoíris atravesarlos, pero supongo que será un reflejo de mi gargantilla, el único enser personal que he logrado conservar con mi atuendo de sacerdotisa. “Te mantendrá anclada al presente, y a ti misma”. Eso dijo.

—A ver, que no lo sepas es una cosa, pero tenerla la tienes. —Termino diciendo. ¿Anclada en el mar o anclada frente a la maldición?
—Parece que sabes más de mi vida que yo, Ari.
—Todo el mundo sabe que Atenea confiere bendiciones por adquirir conocimiento y especialmente por rescatar los mitos reales entre toda la propaganda que nos ha llegado.
—Yo no soy una investigadora.
—Pero discutiste con tu patrón cuando intentó contar una historia falsa. Le llamaste la atención por ser un poco…
—Problemático. Poseidón es problemático, lo sé. Pero tenía que decírselo. Que sabía la verdad. Que Atenea sólo salvó a una pobre muchacha a la que él había… —Un zozobreo nos interrumpe.

Una ola choca contra el lado del barco, haciéndome gritar un poco. Cuando Xenia recobra la compostura, me lanza una mirada de advertencia.

—No quiero seguir hablando del tema.
—La cuestión es que ahí lograste su bendición. Aunque tenías su atención de antes, de cuando lograste la de Poseidón. Incluso es posible que seas la única persona viva que tiene ambas. Y además ambas por el mismo método. Te has hecho bastante famosa, con esta situación, la verdad.
—¿Soy famosa por ser trans?
—Bueno, sí y no. Tu forma de recordar el verdadero mito de Caeneus, reconociendo la historia más LGTB+ del dios y consiguiendo la misma bendición para ti, incluyendo la piel impenetrable, es algo que la gente no iba a callarse fácilmente.

Xenia se queda callada, mirando el horizonte y controlando el barco. Ahí vuelve. Mi maldición. Que alguien me explique por qué a mí. No, cualquier excusa no me vale. Sé por qué soy yo la que está aquí. Lo que no entiendo es por qué esta maldición. Ya podría tocarme una más habitual, ¿no? Perderme en el mar 10 años, que mi esposa (inexistente) matara a mis hijos (inexistentes), convertirme en una constelación (como mi tocaya) una vez acabado mi periplo… Pero no. Es a mí a la que le toca lidiar con la maldición de… Espera. ¿Eso es un mochuelo?

—¿Lo ves? —pregunto, sin girarme, para no perder de vista al ave rapaz y nocturna que nos está guiando a plena luz del día. Tenue luz de un día nublado, pero eso.
—Parece que nos están indicando el camino, finalmente.
—¡Perfecto!
—Pero aquí no hay ninguna isla rodeada de acantilados en la que puedan morir tripulaciones enteras. Tendrás que disculparme, pero tengo que preguntar. Estás segura de que no es una misión maldita, ¿verdad? ¿La típica misión imposible para que nunca puedas volver?
—¡Claro que no!
—Es que es un poco raro.
—¿Raro?

Me giro de la impresión. Sus ojos están clavados en el mar a mi (ahora) espalda, pero ese ceño fruncido indica que no, no me está tomando el pelo.

—Bueno, Ari, eres una sacerdotisa de Perséfone.
—Sí…
—Y estás viniendo a la isla a realizar retos funerarios.
—Exactamente.
—Eso es lo que no entiendo, la verdad, no hay más.

Sabía que esto podría pasar, pero ¿tan cerca del final? ¿Cómo explicar la de mentiras que se han hilvanado alrededor de mi diosa, mintiendo acerca del origen de su nombre, de sus poderes y funciones en el panteón, de la relación con su madre y con las pobres almas abandonadas en una isla perdida? Vuelvo a observar al mochuelo, intentando aclararme. Tristemente, dejaré la mayor parte de la historia fuera.

—Xenia, presta atención, que aquí viene una versión muy resumida: Perséfone es La Destructora, La que trae el Caos. La que, eligiendo por su propio pie y voluntad bajar al Inframundo, decidió quedarse ahí. —Resumir la historia es difícil, pero lo importante es romper las ideas preconcebidas. Ya habrá tiempo para dar los detalles de la verdadera personalidad de la diosa en otro momento—. Cuando su madre fue incapaz de encontrarla, su padre se negó a hacer nada. Y así es como Deméter, la que trae la muerte, abandonó a los humanos y obligó a Zeus a intervenir. Le cambió el nombre a su propia hija, que hasta entonces sólo se había conocido como La Doncella, Koiné, y la obligó a abandonar el Inframundo, aunque temporalmente. Ahora es la diosa de la primavera, como se le obligó, pero también es la Reina del Inframundo, la Innombrable. Y ahora estamos en otoño.
—Entonces… En primavera y verano eres la sacerdotisa de las flores y en otoño e invierno eres la sacerdotisa de los ritos funerarios.
—Es un poco más largo, pero sí.
—Y tus tareas son encontrar cuerpos que nunca recibieron sepultura. Aunque poco tengan que ver con nada.
—¿Perdón? —Debo estar algo distraída observando al mochuelo, porque no entiendo esa frase.
—Ulises no tiene nada que ver con Perséfone.
—¿Ulises? —La risa que se me escapa pega poco, pero es que la situación me supera—. Él fue la causa de su muerte, claro. Pero no estamos aquí por él. Estamos aquí por las sirenas. Dos fieles sirvientas de Deméter, convertidas en mitad ave y maldecidas a morir si alguna vez alguien sobrevivía a su imparable canto, por haber sido incapaces de encontrar a la hija de su señora. Todo a mano de la diosa de la agricultura, la cosecha y la hoz. La madre de la diosa del inframundo. Todo porque al padre de ésta… —Mi frase queda interrumpida por un fuerte trueno, que retumba a nuestro alrededor y entre las olas.

De un momento a otro se desata una tormenta ante nosotras. Truenos, relámpagos, nubarrones negros y vientos cortantes pasan a ocupar todo nuestro entorno. La mirada de Xenia es clara: he hablado de más. Ocupa la mayor parte de su esfuerzo en mantenernos a flote y siguiendo al mochuelo, que sigue guiándonos, en un mar que se obstina en estar tranquilo pese a las condiciones climáticas. Quizá este sea un buen momento para revalorar mi vida y decidir que Zeus se puede ir mucho a la mierda por no dejar que digamos la verdad y que para esto no valía la pena hablar en medios acertijos ni medias tintas.

Parecemos seguir avanzando, pero estoy empapada. El viento y la lluvia me azotan, impidiéndome hacer nada útil, aunque no sé cuánta cosa útil podría hacer. Creo que es posible que esté tiritando, aunque quizá sólo lo parece por culpa de la fuerza del viento. Quién sabe.

Veo a Xenia hablando, pero no entiendo qué dice. De hecho, ni la oigo. Poco a poco voy acercándome, sin fijarme en lo guapa que está incluso tan cansada, mojada y zarandeada. Por qué tenía yo que tener la maldición de Afrodita, me pregunto, mientras me acerco a ella. Señala alrededor y veo como se nos está rompiendo el barco. Aquí termina la misión, supongo. Quizá ella no fue mi maldición. Me coloca delante suyo, cubriéndome con su cuerpo. Justo delante, pegada a ella. Pero así no es como quería yo acabar mis días. Quería poder vivir más, abrazarnos en otras circunstancias…

El sol brilla en mis párpados, obligándome a girarme un poco. Salvo porque no puedo moverme. Abro despacio los ojos, intentando acostumbrarme a la claridad, y observo que estoy siendo apresada por una Xenia dormida. Su respiración mueve el pelo de mi coronilla suavemente y me permito pensar por un momento que por fin se han cumplido mis sueños. Aunque en mis sueños no hay tanto sol. Y no llevo ropa empapada. Y no estoy llena de pequeñas heridas. Y… Mierda. Hemos naufragado.

Intento moverme y entonces Xenia empieza a abrir los ojos, despacio y atontada. Lo de la piel inquebrantable será verdad, porque ella no tiene ningún moratón ni herida. Aprovecho para levantarme y observar el espacio a nuestro alrededor: la arena cubre nuestra pequeña playa, pero soy incapaz de ver más allá.

—Al final, parece que sí que hemos terminado donde no debíamos —comenta.

Antes de que pueda responderle, lo hace el mochuelo. Su ulular sorprende en este sol tan horripilante y me devuelve la esperanza. Volando en círculos, nos indica que hay que subir por las pocas rocas a nuestro alrededor. Y justo detrás, un valle rodeado por lo que quizá, hace más de dos milenios, fueran o parecieran acantilados. Lleno de verde y de flores incluso en esta época del año, la bendición de Perséfone, los huesos dejan pocas dudas. Tengo un ritual que realizar.



FIN

  • Este relato forma parte del Reto de Escritura #Origireto2020, organizado por Stiby, de Sólo un capítulo más, y Katty, de La Pluma Azul de KATTY.
  • Este relato, de 1696 palabras, corresponde al objetivo principal 3. Escribe una historia centrada en la religión.
  • También cuenta con la aparición de la Criatura del Camino (objetivo secundario 2): XI. Sirenas.
  • Para esta historia se incluyen los objetos 3, un arcoiris, y 10, arena.
  • Objetivos anuales:
    • Este relato tiene a dos protagonistas femeninas, dando 3/3 para Rosa Insolente.
    • También pasa el test de Bechdel, siendo 3/2 para Sororidad.
    • Tiene representación LGB[T]+ o de minorías, siendo 2/3 para Tríada.
    • Hay un poco de crítica social así que podría contar para Inconformista, pero me guardo esta para el futuro porque no considero que lo cumpla mucho.
    • Es un relato de fantasía, cumpliendo 3/2 para Doble Dragón (2/1 relato de fantasía y 1/1 de cifi).
    • Dentro de la fantasía, se ubicaría en la fantasía mítica, cumpliendo 2/6 para mi objetivo personal: Escribir 6 relatos de diferentes subgéneros dentro de la fantasía.
  • Podéis encontrar el resto de mis entradas para el #Origireto2020 aquí.

domingo, 19 de abril de 2020

El cobertizo (Microrrelato para el #OrigiReto2020)

El cobertizo


Delilah estaba escondida detrás del fresal, concentrada en su objetivo: la puerta del cobertizo. No era una tarea muy difícil, a simple vista, pero ella sabía lo que estaba en juego. Estaba preparándose para correr por su vida cuando de la casa a su derecha salió Mamá Clara, poniéndose las botas de trabajar en el campo. Para cuando Mamá Clara terminó de ponerse todos sus aperos y coger las herramientas para atusar el heno de las vacas (a Delilah no le gustaban porque siempre intentaban lamerla) y para todas esas cosas que hacía todo el día, Delilah se estaba durmiendo tras el fresal, pero se desperezó rápidamente. Era el momento.

Salió corriendo rauda como el viento, apenas dejando huellas entre las hileras de tomateras que la separaban de su objetivo. Tenía que ser hoy o nunca, porque sus madres siempre cerraban la puerta con llave. Dando un saltito, abrió la puerta y entró, rápida para que no pudieran verla desde fuera. Sus ojos no tardaron en acostumbrarse a la tenue luz del interior, pero no encontraba lo que buscaba. Empezó a dar vueltas por la habitación, buscando entre las cajas y por las estanterías, hasta que de repente lo encontró.

Era su juguete, que le habían quitado hacía poco. Sabía que sus madres no querían que jugara con él, pero era su juguete favorito e iba a recuperarlo. Se fue acercando despacio, asegurándose de no hacer ruido y de no mover nada más de su sitio, hasta que casi pudo cogerlo, y entonces. Entonces. Se dio cuenta de que le habían tendido una trampa. Ahí estaba su juguete, su posesión más preciada. Y estaba rodeado de aceitunas.

Saltó tan rápido que chocó contra unas herramientas, cayéndose al suelo y causando un estrépito imposible. Estaba intentando salir de debajo de la maraña de palos cuando la puerta se abrió de par en par y vio la silueta de Mamá Alicia recortada contra la luz mañanera.

—Vaya, ¡tenemos una ladrona, cariño! —gritó Mamá Alicia, hacia el campo y, supuestamente, Mamá Clara—. Ven aquí, Delilah. Sabes que no puedes estar en esta habitación, está reservada para tus mamás —dijo Mamá Alicia, mientras cogía a Delilah por la piel del cuello y la ponía entre sus brazos, manchados de sudor y tierra—. Eres una gatita muy mala, mira que intentar robarnos otra vez el permanente negro.



FIN

  • Este relato forma parte del Reto de Escritura #Origireto2020, organizado por Stiby, de Sólo un capítulo más, y Katty, de La Pluma Azul de KATTY.
  • En concreto, este relato sirve para el Evento de Abril para celebrar el cumpleaños de Katty (que fue el 10 de Abril), así que: ¡Felicidades, Katty!
  • Este microrrelato tiene 392 palabras.
  • De las condiciones que me tocaron, de Isabel, cumple (ligeramente) la 1. El relato narra una búsqueda, además de cumplir (completamente) la 2. La acción sucede en el campo y la 3. [Le] protagonista tiene miedo a las aceitunas.
  • De mis propias condiciones, no cumple correctamente la 1. Escribe un relato feminista. Pero sí cumple la 2. Con representación LGTB+ y la 3. Que sea divertido (¡espero!).
  • Podéis encontrar el resto de mis entradas para el #Origireto2020 aquí.

sábado, 11 de abril de 2020

Reseña: El diario violeta de Carlota, de Gemma Lienas


Ficha técnica


Título: El diario violeta de Carlota
Autora: Gemma Lienas
Editorial: Empúries
Año de publicación: 2001
Páginas: 156
Género: Juvenil, Ficción contemporánea
Sinopsis:
¿Quién se ha inventado que, en asuntos amorosos, los chicos tengan que tomar la iniciativa? ¿Por qué está mal visto que lloren los chicos? ¿Y por qué no pueden mostrar que tienen miedo? ¿Por qué es más importante el aspecto físico de las chicas que el de los chicos? Carlota descubre también el horror de las cifras: el 70% de los pobres de la Tierra son mujeres… El diario violeta de Carlota es una guía subversiva que nos invita a reflexionar –a veces con humor, otras con rabia y muchas veces con impotencia sobre la situación de la mujer en el mundo actual y nos anima a continuar la cadena violeta. Para descubrir situaciones injustas con la mujer y para detectar cuándo actuamos según unos modelos impuestos, necesitas las gafas de color violeta. ¡Póntelas! 

Reseña:

Gemma Lienas es profesora, editora y escritora, además de considerarse activista feminista. Publicó su primera novela, Cul de Sac (en castellano: Callejón sin salida), en 1986. La saga de Carlota, de tomos independientes pero conectados y de la que este libro es parte, se inició en 1989 con la publicación en catalán de Així és la vida, Carlota (en castellano: Así es la vida, Carlota), y finalmente publica El diari lila de la Carlota (en castellano: El diario violeta de Carlota) en 2001, recibiendo por él la mención de honor de la UNESCO en 2003.

Nunca leí este libro de lectura obligatoria en el instituto, a diferencia de mucha otra gente, así que entré a este libro sabiendo poco y esperando demasiado. El libro no deja de ser un bestseller juvenil español que, como tal, requiere de cierta complacencia con el sistema actual para poder expandirse, conocerse y, lo importante, vender. Gemma Lienas se autodenomina feminista e insiste en la importancia de su obra dentro de ese contexto, pero su obra carece de interseccionalidad, sororidad o crítica académica. Incluso entendiendo que es una obra de hace 20 años, es un libro que no está en la actualidad del feminismo en su época, llamando a las teorías feministas de los últimos 50 años (ahora; 30 en el momento de publicación) como "feminismo radical".

El libro tiene un estilo sencillo y simple que hace muy fácil su lectura, pero que resulta en una prosa aburrida y con un estilo artificial que impide creer que sea un diario real. Parte de esa artificialidad también se consigue a través de situaciones irreales, datos falsos y manipulación política. El uso racista de los ejemplos fuera de España recae en la narrativa de la mujer blanca salvadora que, además, incide en la idea de la complacencia y del "en otras partes están peor", además de tener momentos machistas como cuando Carlota insulta a las mujeres que están delgadas o los ataques al personaje de Lola, tanto por parte de Carlota como de Gemma.

En definitiva, el libro me dejé muy afectada. Hice un hilo quejándome de los elementos que me iban chocando cuando lo fui leyendo, pero en resumen me dejó bastante decepcionada y muy enfadada por que un libro supuestamente clave en el feminismo español fuera tan machista y complaciente.

Si habéis llegado hasta aquí, no dudéis en dejarme un comentario comentando vuestras impresiones. ¡Hasta pronto!

sábado, 29 de febrero de 2020

Intruses (Relato para el #OrigiReto2020)

Intruses


La alarma de intruses interrumpe la reunión del club de lectura, haciendo que los gritos de varias facciones enfrentadas se rompan instantáneamente. El silencio impera en la sala principal de las dependencias privadas de la Emperatriz del Reino de Shinteikoku, pero sólo por un momento: la alarma vuelve a sonar, ahora ya en modo continuo, y cunde el pánico entre las lectoras. Mientras la robótica voz repite insistentemente la retahíla acerca de tomar las armas (les soldades del ejército) y de esconderse en las zonas de alta seguridad (las cortesanas), la Emperatriz Teishi hace llamar a una de sus guardaespaldas.

—Tu tarea es sencilla, Anire. Necesito que logres encontrar un punto de transmisión seguro y que contactes con la Organización de las Naciones Interespaciales. Indícales que vamos a llegar tarde pero no les digas nada del ataque. Explícales que hemos tenido un problema con una ballena estelar, que tendremos que desviarnos por reparaciones y que volveremos a ponernos en contacto con elles en cuanto sepamos cuándo llegaremos siguiendo la nueva ruta.
—Por supuesto, Su Majestad. —Y con estas palabras, Anire desaparece por una de las compuertas de alta seguridad a la izquierda.
—¡Ketsu! Necesito ojos en la intromisión. Saber qué ruta está siguiendo y dónde es mejor interceptarle.
—¡A sus órdenes! Será un momento, Su Majestad. —Ketsu sale por la puerta principal, activando el cierre de alta seguridad a su salida.

Las tres guardaespaldas restantes rápidamente se recolocan en forma de triángulo alrededor de su emperatriz, que está ocupada observando en su dispositivo de control los planos de la nave, así como las características de algunas habitaciones. Justo al levantar la vista vuelve Ketsu, respirando entrecortadamente y con los ojos casi desencajados, pero físicamente íntegra.

—Su Majestad, tengo malas noticias, esto… No es nada que nos pudiéramos haber esperado nunca, es… ¡Una tragedia! Yo… Ella… —La frase se entrecorta, mezcla de la falta de aire y de los sollozos.
—Ya sé quién nos está atacando, Ketsu. Necesito saber: ¿viene hacia aquí? ¿O está yendo a por las cortesanas? ¿O a por les civiles?
—Directamente hacia aquí, Su Majestad… Pero… ¿Cómo…?
—Cuando llegue, dejadme hablar con ella. Os quiero escondidas en la sala de control. Cuando os de la señal, activad el Protocolo RGI.
—Pero, ¡Su Majestad! Es imposible… —insiste Ketsu, pero la Emperatriz la calla con un rápido movimiento de mano.
—Os he dado una orden.

Sola en la habitación, esperando lo inevitable, la Emperatriz vuelve a sentarse en su cojín en el suelo, entre el desorden de libros, cojines y tés a medio beber de su fallida reunión. Se le escapa un mechón de su elaborado tocado, pero por suerte es uno corto cerca de la frente, que recuerda un poco a un flequillo que quizá esté escondido entre trenzas, moñitos, peinetas y otros accesorios. Mientras espera, saca un espejo de mano de la bolsa que pende de su cinto y, con una horquilla escondida hábilmente en el ancho obi que rodea su cintura, vuelve a colocarse el mechón en su sitio. Justo entonces se abre la puerta principal, con la quietud habitual de cuando es abierta con una tarjeta de personal autorizado.

—Os dije que esta nave y esta tripulación no eran una buena idea para un viaje tan largo, Su Majestad. Que en caso de ser atacada, no habría nadie con la habilidad para defenderos —dice la recién llegada, repasando la habitación con la mirilla de su ametralladora láser automática.
—Y tenías razón, por supuesto. Debería haberte traído a ti. Pero ahora que has llegado a mí, ya está bien. Espero que no hayas herido a nadie de la tripulación intentando demostrar tu punto.
—No estoy intentando demostrar nada, Su Majestad. No fue una sugerencia: fue un aviso. —Y con estas palabras, apunta a la Emperatriz.
—A ver, Nagiko. Que no me acabo de caer del árbol. ¿Qué buscas exactamente, para quién y a cambio de qué?
—¿Dónde están tus guardias?
—Las envié a proteger a las cortesanas. Me temía que el ataque fuera por mi vida y, como bien has dicho, me avisaste de que no iba suficientemente protegida. Esperaba poder salvarlas a ellas. —La Emperatriz se levanta, despacio, y se acerca más a Nagiko, aún con el espejo en la mano.
—No tengo nada contra ellas. Ni contra vos. Pero no tengo otra opción. Debo mataros.
—¿Por? ¿Creía que nos llevábamos bien?
—Así es. Habéis sido una buena Emperatriz para el Reino, promoviendo la literatura, el alfabetismo, la cultura, la prosperidad… Y hay gente a la que eso no le gusta. Gente que ha logrado dar con mis padres. Es o ellos o usted.

La pausa posterior es lenta y espesa, mientras la nave sigue avanzando por el espacio infinito, dirección a un sistema aún muy alejado. La alarma sigue sonando, impidiendo que el silencio pese entre ambas contendientes y creando una especie de letanía, de repetición, que llena el fondo de la escena.

—No has matado a nadie, ¿verdad? De mi tripulación, digo —pregunta, finalmente, la Emperatriz.
—No. La mayoría han sido suficientemente inteligentes como para huir de mí.
—Entonces, te mereces mi perdón.
—¿Perdón?
—Nagiko… Tengo algo que enseñarte. Quiero que te tomes tu tiempo.

Antes de permitir más dudas, más preguntas, la Emperatriz levanta rápidamente el espejo, poniéndolo en frente de su oponente. Siendo un espejo de mano, es imposible que el reflejo abarque al completo la figura de Nagiko, pero sí que logra enmarcar su rostro naranja, lleno de cicatrices la mitad de él… Y lleno de metal la otra mitad. Dos de sus tres ojos son cibernéticos, brillando con la luz de los procesadores digitales que transmiten la información al cerebro de la cyborg. La misma que lentamente separa una de sus manos de la ametralladora y coge el espejo, inclinándolo para ver también sus puertos de conexión en el lado izquierdo del cráneo, no rapado si no metálico, y los microchips pegados cual parches a su cuello.

—¿Tengo partes… no orgánicas?
—Sí.
—Pero el resto de mi cuerpo es normal.
—No. La mayor parte de tu cuerpo es artificial, pero está creado para simular un cuerpo orgánico.
—¿Por qué?
—Saber que eras una cyborg te volvía loca. Había que reiniciar tu memoria, y entonces volvías a enloquecer. Esto fue una solución… Aceptable.
—¿Aceptable? ¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué me esperabas sola? ¿Qué está pasando, Teishi? —Nagiko rompe el espejo, revelando un hilo de sangre azul de su brazo, y vuelve a empuñar el arma, temblorosamente apuntando a la Emperatriz.
—Teishi no es mi nombre. Es el título. Desde mi tatarabuela, todas las Emperatrices nos llamamos Emperatriz Teishi. Cuando yo era pequeña me llamaban Sadako.
—No. Yo me acuerdo de cuando eras pequeña, yo fui siempre tu guardaespaldas, no la guardaespaldas de la Emperatriz. Hasta que te convertiste en Emperatriz, por supuesto.
—No. —La Emperatriz suspira, levantando las manos—. Eras la guardaespaldas de mi tatarabuela, Teishi, que se convirtió en Emperatriz. Te sometiste voluntariamente al Programa de Reconversión de Guerreras Imperiales, y te convirtió en esto… Cuerpo orgánico con sangre azul, cuerpo artificial con líquido orgánico compatible azul. Pero tocó tus archivos de memoria. La pierdes cada poco tiempo. De hecho, cada vez cada más poco.
—Pero… Mis padres… El holograma…
—Quienes fuera que te chantajearan obviamente accedieron a archivos antiguos y los manipularon. A tus padres los mataron antes de que el chantaje original llegara a tu destino. Fuiste incapaz de siquiera saber que estaban en peligro antes de que fueran vilmente asesinados. Y ahora, como siempre, vas a entrar en shock, en estado de negación. Yo… Lo siento.
—¿Lo sientes?
—Porque ya estás siendo anulada. Tus partes cibernéticas empezarán a apagarse poco a poco, y luego tu conciencia desaparecerá.
—¡No!
—Tu arma ya se ha apagado. Es por tu bien. El último ataque contra mi persona que organizaste fue hace dos meses. Hemos tenido que resetear tu memoria treinta y siete veces desde mi coronación hace una década. Tu mente ya no puede procesar más esta vida eterna, así que voy a dejarte descansar, porque te lo mereces.

Nagiko es incapaz de responder. Su cuerpo cae al suelo, las partes orgánicas volviéndose inútiles, mientras los brillos de control de sus diferentes partes se van apagando, hasta que finalmente desaparece el brillo del último receptor fotónico de sus ojos.



FIN

  • Este relato forma parte del Reto de Escritura #Origireto2020, organizado por Stiby, de Sólo un capítulo más, y Katty, de La Pluma Azul de KATTY.
  • Este relato, de 1381 palabras, corresponde al objetivo principal 6. Narra una historia que suceda en el espacio.
  • También cuenta con la aparición de la Criatura del Camino (objetivo secundario 2): VIII. Alienígenas.
  • Para esta historia se incluyen los objetos 4, una ballena, y 21, Sangre Azul.
  • Objetivos anuales:
    • Este relato tiene a dos protagonistas femeninas, dando 2/3 para Rosa Insolente.
    • También pasa el test de Bechdel, siendo 2/2 para Sororidad.
    • Es un relato de ciencia ficción, cumpliendo 2/2 para Doble Dragón (1/1 relato de fantasía y 1/1 de cifi).
  • Podéis encontrar el resto de mis entradas para el #Origireto2020 aquí.

sábado, 22 de febrero de 2020

Reseña: Señoras que se empotraron hace mucho, de Cristina Domenech




Ficha técnica:

Título: Señoras que se empotraron hace mucho
Autora: Cristina Domenech
Editorial: Plan B
Año de publicación: 2018
Páginas: 224
Género: No ficción, divulgación
Sinopsis:
¿Dónde están las lesbianas en la historia?
Mujeres que se rebelaron contra el matrimonio y rompieron las reglas de etiqueta. Rebeldes, genias, decadentes, artistas... Señoras que, pese a todas las dificultades de su tiempo, se atrevieron a expresar su sexualidad y desafiar a su época.
Este libro, que contempla desde el siglo XVII hasta el siglo XX, explora la historia pública y privada de estas fascinantes mujeres que amaban a otras -Anne Seymour Damer, Anne Lister o Josephine Baker, entre tantas otras-, para visibilizar y sacar a la luz una realidad que nunca debería haber sido secreta.


Reseña:

Cristina Domenech es escritora, profesora universitaria y doctoranda en literatura histórica desde una perspectiva queer. Con un Grado y un Máster en Estudios Ingleses a su espalda, su andadura con las Señoras que se empotaron hace mucho se inició en su Twitter, donde adquirió seguidores y fama gracias a sus hilos, precisamente, sobre éstas. Fue entonces cuando, finalmente, recopiló esos hilos en este libro, al que terminó añadiendo un 25% de contenido inédito.

Siendo alguien que había leído ya los hilos originales, estaba segura de qué me encontraría en el libro: no-ficción histórica sobre señoras del colectivo LGTB+, contadas con mucho humor, frescura y cuidado a los detalles. Historias reales, pero sin la pesadez habitual de los libros académicos, que se escriben intencionalmente de forma difícil de seguir y con mucha densidad de contenidos. Señoras que se empotraron hace mucho es un libro fresco que, si bien da mucha información a le lectore, siempre lo hace de una forma que es fácil absober los conocimientos y disfrutar de la lectura. Probablemente sea por eso que ya ha entrado en la 5a tirada.

Además de la maravillosa forma en la que se comparte la información, Señoras que se empotraron hace mucho destaca también por la importancia de su contenido. Tal como ya dijo su autora, Cristina Domenech, en esta entrevista, es extremadamente importante recuperar toda esa historia que fue enterrada a propósito y recordar a estas personas y a su importancia para con nuestra historia. Y, además, la selección de historias y mujeres es impecable: abarcando varios siglos, cuenta con mujeres de varias etnias, culturas, clases sociales, profesiones e identidades sexuales, sacando a la luz no sólo a lesbianas si no también a mujeres bisexuales a la luz. Y, en el proceso, nos recuerda lo importantes que fueron algunas de estas mujeres para las sociedades de su tiempo e incluso para algunos acontecimientos históricos importantes. Por ello, lo considero un libro de divulgación LGTB+ y feminista que todo el mundo debería leer.

Y vosotres, ¿lo habéis leído? ¿Qué opináis?

domingo, 26 de enero de 2020

Rojo sangre (Relato para el #OrigiReto2020)

Rojo sangre


Es una noche serena, y la ciudad está tranquila. Aún es temprano, algunas casas tienen algunas luces encendidas. Es el caso de la mansión de la baronesa, largo tiempo deshabitada. Es bien sabido que sólo vive en ella una vieja ama de llaves, que cuida de la casa en ausencia de su señora. Hay algunas luces titilantes en el salón principal, pero el resto de la casa está a oscuras. Quizás el ama esté disfrutando de una taza de chocolate caliente, a sabiendas de que la dueña de la casa no podrá volver nunca más tras el último cambio en las leyes, algunos meses atrás.

La mujer que está sentada enfrente de la chimenea parece estar leyendo, a la luz de las velas, si bien la habitación está mayoritariamente a oscuras. Su tez pálida contrasta con el rojo de los labios y con el cabello negro, recogido en un tocado típico del siglo pasado y decorado con una pluma roja como la sangre. El rico brocado de su vestido resplandece en la noche, revelando hebras de oro y plata entrelazadas con el más fino hilo. Una única lágrima roja cuelga de su gargantilla de terciopelo. Ladea su cabeza justo cuando la puerta de servicio se abre, varios pisos más abajo, y apenas unos momentos más tarde entra por la puerta otra figura, tapada con una capa oscura que ensombrece todo su rostro, salvo por dos ojos rojos, enmarcados en frondosas pestañas.

—Cecil —llama, con una suave y melódica voz de soprano, la recién llegada.

Pasan unos segundos antes de que Cecil levante la mirada de su libro, en el que cuidadosamente coloca su marcapáginas de plata. Su mirada deambula un largo par de segundos por la estancia, enfocándose despacio hasta posarse en su compañera. La pregunta no llega a asomar a sus labios cuando ya está siendo respondida.

—Traigo malas noticias, cielo. Han cerrado el club, han apresado a Nathalie y no he encontrado a ninguna de las otras en sus casas. A mí no me han visto, pero creo que ha habido una traición.
—¿Y Brianna? ¿Sabéis algo de ella?
—He oído… Cosas —responde finalmente la recién llegada, quitándose la capa. Su vestido de seda está exquisitamente brocado en seda, pero a diferencia de su compañera, su pelo dorado está sujetado en un tocado medio alto, más acorde a los tiempos.
—¿No creeréis…? Eleanor, no podéis creer…
—La razón oficial del cierre del club no es la real. Nosotras sabemos bien por qué nos han cerrado, nuestra lucha ha llamado mucho la atención, pero dicen que lo han cerrado por confraternizar con vampiros. Las malas lenguas dicen que, concretamente, por confraternizar muy íntimamente con vampiresas.

Sólo el crepitar rompe el pesado silencio que se ha instalado entre ambas. La amenaza tiñe las sombras de peligro, proyectando siluetas oscuras en los extremos del salón. Olvidado el libro en el sillón, Cecil se levanta hacia las docenas de flores que decoran la habitación, regalos de fervientes admiradoras y románticas amantes.

—No podemos dejarlas así. No cuando están presas por nuestra culpa.
—¿Qué quieres hacer, cariño?
—Vos creéis que Brianna os ha traicionado… —La voz de Cecil se pierde en el silencio, mientras sus manos juegan con las largas mangas de su vestido—. Creo que va siendo hora de que yo haga algo.
—Pero Cecil, ¿estás segura? Piensa en las leyes. Tú eres conocida, fuiste la patrona de las artes de esta ciudad durante siglos. Tu cara sigue tallada en estatuas y pintada en frescos. Si te reconocen…
—Oh, pero no lo harán, Eleanor, querida… Tú aún eres joven, no he podido enseñarte todo lo que habría querido. Especialmente ahora que somos menos… Pero tengo mis trucos. —La voz de la mayor se afila y sus colmillos asoman entre los labios—. Yo os condené a esta vida, aún cuando en ese momento fuera una bendición, y ahora eres mi mejor amiga.
—Yo elegí esta vida, igual que elegí quedarme contigo para siempre.
—¿Y no creéis que quizá eso fuera lo que molestara a Brianna? —Una minúscula sonrisa asoma a los labios de Cecil, triste como sólo la sonrisa de alguien que ha vivido tanto puede llegar a ser.
—¡Pero hace mucho que no pienso en ti de esa forma! Brianna lo sabía. —Negando con la cabeza, Eleanor se acerca a su amiga. 
—Eso es lo que voy a comprobar. No voy a permitir que nadie os trate así otra vez.

Cecil sale de la habitación, y al poco rato está en la calle, dejando a Eleanor mirando las flores que su amiga colecciona. El ramo de lirios de Margherite destaca por su blanco y por ser el más nuevo de todos, entre el mar de rosas rojas como la sangre. Cecil la encuentra en la misma posición al volver horas más tarde.

—¡Cecil! —Eleanor abraza a su amiga.
—No deberíais haberos preocupado tanto, Eleanor. No por mí.
—¿Te ha reconocido alguien?
—Oh, sí. —Cecil sonríe ampliamente mientras se quita el abrigo, bajo la atenta mirada de Eleanor—. Brianna me ha reconocido. Estaba en su casa, ¿sabéis? Atenta al reloj, como esperando a alguien. ¡Y oh, qué alguien! No he reconocido su cara, pero portaba una bolsa entera de monedas. Os las habría traído, pero han quedado bastante sucias, y quería que mi mensaje llegara claro.
—La has matado.
—Por supuesto. Os ha traicionado, Eleanor. Nadie os traiciona.
—A la próxima, quizá deberías consultarme. No siempre son caprichos, mis relaciones amorosas.
—Oh, pero Brianna lo era. Sé cómo la mirabais. Ahora, deberíais cenar. Temo que tendremos que salir de la ciudad durante un tiempo.
—¿Te has enterado de algo? —pregunta, arqueando una ceja, Eleanor.
—Más bien, les he recordado a las incompetentes autoridades que tienen a una vampiresa muy poderosa viviendo en la mansión más importante de la ciudad. Voy a tener que marcharme, con todo lo que eso implica. No por mucho tiempo, por supuesto. Podríamos visitar a mi tía, en la campiña. Siempre os ha gustado esa zona, ¿verdad? Ahí estaréis a salvo.
—Pero deberíamos ocuparnos de la situación política. No podemos darles la razón y huir, eso es lo que quieren que hagamos. Deshacerse de nosotras. Te tienen mucho miedo, eres poderosa. Podrías acabar con todos ellos y con sus estúpidas políticas fascistas.
—Por supuesto.
—Entonces, ¿por qué deberíamos irnos? Todas nuestras amigas, nuestras compatriotas, tus amantes… Vas a dejarlas a la estacada. Y no me digas que es por mí.
—Por supuesto que sí que es por ti, Eleanor. Pero también me ofendéis. Ya he movido todos los hilos que hacen falta. Yo os podré a salvo y atraeré la atención sobre mi persona, mientras otras compañeras resuelven este pequeño altercado. Ahora, cenad. El viaje será largo y arduo, así que debo ultimar los detalles.
—No quiero salir. ¿Y si vienen a por ti esta noche, Cecil? Quiero estar contigo, protegerte.
—Oh, claro. Pero la cena ya está servida, en el comedor. No la hagáis esperar mucho, podría enfriarse. Y ahora, si me disculpáis, debo hablar con el ama de llaves. Partiremos al amanecer.

En efecto, cuando las autoridades encuentran los cuerpos de Brianna y del oficial, en un charco de sangre y con una pluma roja sobre el manchado oro, es demasiado tarde para encontrar a las vampiresas. La mansión está desierta: ni rastro quedan de la vieja ama de llaves ni de los caballos, ni tampoco de las dos vampiresas, que llevan horas viajando en sus ataúdes.



FIN

  • Este relato forma parte del Reto de Escritura #Origireto2020, organizado por Stiby, de Sólo un capítulo más, y Katty, de La Pluma Azul de KATTY.
  • Este relato, de 1240 palabras, corresponde al objetivo principal 4. Cuenta una historia de amistad infinita
  • También cuenta con la aparición de la Criatura del Camino (objetivo secundario 2): VII. Vampiros/licántropos .
  • Para esta historia se incluyen los objetos 7, una docena, y 8, flores.
  • Objetivos anuales:
    • Este relato tiene a dos protagonistas femeninas, dando 1/3 para Rosa Insolente.
    • También pasa el test de Bechdel, siendo 1/2 para Sororidad.
    • Tiene representación [L]GBT+ o de minorías, siendo 1/3 para Tríada.
    • Hay un poco de crítica social así que podría contar para Inconformista, pero me guardo esta para el futuro porque no considero que lo cumpla mucho.
    • Es un relato de fantasía, cumpliendo 1/2 para Doble Dragón (1/1 relato de fantasía y 0/1 de cifi).
    • Dentro de la fantasía, se ubicaría en la fantasía oscura o fantasía gótica, cumpliendo 1/6 para mi objetivo personal: Escribir 6 relatos de diferentes subgéneros dentro de la fantasía.
  • Podéis encontrar el resto de mis entradas para el #Origireto2020 aquí.